Devolución del anticipo del Impuesto a la Renta: aplicación práctica

Devolución del anticipo del Impuesto a la Renta: aplicación práctica

A propósito del reciente pago de impuesto a la Renta y de algunos casos sui géneris que hemos conocido recientemente en nuestra práctica, me propuse analizar la posibilidad de solicitar la devolución del Anticipo de Impuesto a la Renta.

Este mecanismo surgió a raíz de la reforma al artículo 41 de la Ley de Régimen Tributaria Interno realizada mediante la Ley Orgánica de Incentivos Tributarios para Varios Sectores Productivos e Interpretativa del Artículo 547 del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización que entró en vigencia el 12 de octubre de 2016

Luego de varios años de que el anticipo de impuesto a la renta en muchos casos sea considerado como pago definitivo o «impuesto mínimo», y que no existiese la posibilidad de solicitar su devolución, la reforma del artículo antes mencionado abrió la posibilidad que el Servicio de Rentas Internas pueda disponer la devolución del anticipo pagado “cuando se haya visto afectada significativamente la actividad económica del sujeto pasivo en el ejercicio económico respectivo”.

Esta reforma resultaba a primera vista un camino para cambiar la inequidad que generaba esta situación, y por tanto un posible incentivo tributario que abría –en teoría- la puerta para hacer mas justo y equitativo este tan controvertido pago.

Recientemente, investigando para ayudar a uno de nuestros clientes, me sumergí en la no poco compleja tarea de determinar el alcance específico del “incentivo” y de consolidar de manera eficiente el argumento que nos llevase a que la Administración Tributaria devuelva el valor de anticipo de impuesto a la Renta, que en el caso puntual era cerca de 90.000 dólares, cuando su impuesto causado producto de su actividad económica fue de 31.459 dólares, valores estos que quizá no se comparan con lo que tienen que pagar otras empresas y personas naturales; sin embargo, todo pago -se trate de contribuyentes “chicos” o “grandes”- influye en el resultado de su empresa, en sus finanzas y definitivamente en la de sus dependientes (trabajadores y familiares).

En efecto, la norma establece como condición para que exista derecho a devolución del anticipo de impuesto a la renta que la actividad económica del contribuyente se debe ver afectada “significativamente”, condición que es sumamente subjetiva.

Para un empresario como el de mi ejemplo, cualquier pago en exceso -sea este de 3.000 o de 30.000 dólares- afecta su actividad económica, pues estos valores podrían ser utilizados desde pagar nómina, hasta para invertir en una maquinaria nueva sin tener que endeudarse en entidad financiera alguna; entonces, en la práctica sí existe afectación sin embargo la aplicación de la norma no necesariamente lo considera así.

Lógicamente, la subjetividad de la norma bajo análisis llevaría a que la Administración Tributaria tenga la obligación de revisar caso por caso, la existencia o no de una afectación, teniendo que para ello realizar un análisis económico de la situación que se plantea y así poder inferir si la afectación es o no significativa. En estricto derecho, la falta de un análisis económico en la determinación de lo que se concibe como «significativo», podría acarrear la falta de motivación del acto administrativo que niege o acepte una petición de devolución.

Sin embargo, esta condición genérica y subjetiva es complementada con otra más concreta y técnica –que puede pasar desapercibida- pero que resulta todavía mas importante pues es el limitante mas palpable para acceder a este beneficio.

Esta segunda limitante es el hecho de que el anticipo de impuesto a la renta debe necesariamente superar el impuesto causado, y que el Tipo Impositivo Efectivo (TIE) individual debe exceder además el Tipo Impositivo Efectivo (TIE) promedio determinado por la Administración Tributaria.

Pero, ¿qué es el TIE promedio?, pues es un valor establecido por la Administración Tributaria mediante Resolución de carácter general, tomado de un promedio entre los distintos contribuyentes, que sirve como base para establecer si el valor pagado por impuesto a la renta cumple con el parámetro “normal” o “general” de pago de impuesto a la renta. Para el año 2016, el TIE promedio para sociedades es de 1.7% y para personas naturales es de 1.2%.

Este TIE promedio debe compararse con el TIE individual, que corresponde al al mayor valor entre el impuesto a la renta causado y el anticipo determinado, dividido para el ingreso del contribuyente

Es decir, si el contribuyente pagó mayor un anticipo de impuesto a la renta mayor a su impuesto causado y además su TIE individual sobrepasa el TIE promedio tiene derecho a solicitar el anticipo de impuesto a la renta, caso contrario no tiene ese derecho.

En la práctica, este segundo limitante puede resultar del todo injusto y hace desvanecer el supuesto incentivo, pues no se puede comparar a personas jurídicas tan diversas como son las empresas que se encuentran en el mercado ecuatoriano, que efectivamente pueden haberse visto afectadas por el pago del anticipo, resultando este requisito la barrera mas significativa para la devolución del impuesto.

En el ejemplo que había propuesto el contribuyente llegaba aproximadamente al 1% esto es 0,7% menos que el TIE promedio, sin embargo el anticipo pagado triplicaba el impuesto causado. Esto demuestra que el anticipo pagado torna en absolutamente injusto y no está acorde a la realidad económica del contribuyente, y mucho menos proporcionada y relacionada con el hecho generador.

En asuntos tributarios, es fácil hablar de incentivos, sin embargo aplicarlos y convertirlos en verdaderos alicientes a la actividad económica es complicado. Sobre el tema puntual, el anticipo de impuesto a la renta -conforme esta concebido en nuestra legislación actualmente- puede constituir un verdadero impuesto paralelo al real pago de impuestos sobre la renta ganada.

A mi criterio, va siendo hora que el ejecutivo y legislativo evidencien la verdadera afectación que este pago por anticipado de impuesto genera en el contribuyente y por tanto materialicen un verdadero incentivo y reformen la manera de calcular y la naturaleza del anticipo de impuesto a la renta, pues desde ningún punto de vista podemos decir que esta mal implementar mecanismos de recaudación de impuestos, pero cuando estos se convierten en pago definitivo no susceptible de compensación alguna, ya no podemos hablar de “anticipo”, sino –como se dijo- de un impuesto paralelo.

Mientras tanto, yo seguiré analizando la forma de que el contribuyente –por quien inicie este relato- recupere un poco del crédito tributario ya sea por anticipo o retenciones, que la actividad económica le ha generado en los último años.

Isabel Patiño S.

Abogada Tributarista.

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